¿Una hamaca de oro? Preguntó Patricia. ¿Y tiene la verga tan grande que nadie se la aguanta…Mm? ¡Mis hijas se la van a aguantar! y concilió con ellas:
- ¡esa hamaca debe quedarse en casa!
Fueron al desafío y con tristeza vio salir a su hijas adoloridas y moviendo la cabeza con señal de derrota. Se engallota Patricia y entra al cuarto del dueño de la hamaca. Cinco minutos después sale con la hamaca en la espalda y aprecia el estupor y alegría de sus hijas:
– ¡pero mamá, como…!
Ella entristecida contestó
– a lavarla voy, al primer puyazo… me cagué.
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Hace 3 semanas

